🖼️ Una pintura:
Este óleo sobre lienzo pertenece al movimiento artístico del Rococó, estilo que puso el foco en representar la elegancia, lujo y ornamentación con que vivía la aristocracia y nobleza antiguas. Aquí, el italiano Giovanni Battista Tiepolo —con quien aluciné en 2019 cuando vi sus obras en el MET—, nos muestra una escena del “Banquete de Cleopatra” donde la reina de Egipto, en su afán por impresionar a sus invitados, se presta a disolver una perla preciosa en vinagre para luego beberla. 🫠 (Ahhh, los pitucos… siempre buscando formas “novedosas” de ostentar su riqueza y poder.)
🍵 Dos reflexiones:
Tratar de satisfacer necesidades reales pero intangibles con cosas materiales es crearse un apetito insaciable por soluciones falsas a anhelos que así nunca serán satisfechos. [Fuente]
Están de moda las prácticas esotéricas para lograr que te pasen cosas buenas. Que hay que decretar, manifestar, desbloquear un chakra, "vibrar bien", llamar la abundancia, etc. Evidentemente todo esto es falso y no funciona por una razón sencilla: vuelve el objetivo que se desea una empresa personal (algo que se resuelve como individuo), olvidando que en casi cualquier cosa, por desgracia, influye harto tu género, lugar de origen, clase, educación, contactos, etc… No basta con “decretarlo”. [Fuente]
🦉 Un recuerdo del archivo:
Hoy nos debatimos sobre lo que significa para la memoria pasar todo el día pegados al celular. A Sócrates, hace 2.500 años, le preocupaba que sus estudiantes confiaran mucho en lo que escribían. “El papel no puede hablar de vuelta”, les advertía.
→ Incentivando la lepra del alma
🤓 En lo que estoy:
El inglés John Aubrey se quejaba, hace más de 350 años, que había muchos libros por leer y que era imposible escoger. Luego de visitar una librería, una vez escribió:
Me voy con las manos vacías, abrumado, como si los libros se hubieran convertido en árboles de nuevo y estuviera vagando ciego en un bosque.
Yo, un poco más optimista y aprovechando que estaba en Santiago, fui a la Furia del Libro en la Estación Mapocho. Compré (a menos de cinco lucas cada uno) dos novelas de Rubem Fonseca (El caso Morel y Vastas emociones y pensamientos imperfectos) y una de Germán Marín (Ídola).
Al brasileño Fonseca lo conocí hace algunos años de pura suerte. Compré su Bufo & Spallanzani por la pura curiosidad de saber qué tenía que ver con biología (Bufo es un género de ranas y Spallanzani un naturalista del siglo XVIII). Me encontré, en cambio, con una entretenida y ágil novela, una “perfecta progresión de suspenso”.
A Germán Marín —hasta ahora mi novelista chileno favorito— lo conocí hará unos diez años, cuando compré su trilogía Historia de una absolución familiar. Excelente. Como alguna vez leí, puro “poder verbal”.
A estos dos autores los descubrí fortuitamente en ferias de libros. Por eso trato de darme una vuelta cada vez que puedo.

